Te quise, te quiero…

Es entonces cuando despiertas y te das cuenta de porque nunca funcionó con nadie más. Porque eras incapaz de retener a ninguno y es que en el fondo, nunca tuviste intención de mantenerlos a tu lado. Porque ninguno daba la talla y es que, inconscientemente, los comparabas a todos. Y como no, ninguno le llegaba a la suela del zapato.

Abres los ojos y te das cuenta de que sigues enamorada de él, si, jodidamente enamorada. Y te preguntas como pudiste enamorarte de alguien en tan solo 4 meses. Al parecer si es posible, al parecer es posible cuando esa persona te parece completamente perfecta, como si te la hubieran fabricado a medida. Al parecer es posible cuando es la única persona en el mundo capaz de dibujar la mejor de tus sonrisas, esa que va acompañada de un brillo especial en los ojos y que hacía mucho tiempo que no veías. Justo el tiempo que llevabas sin hablar con él.

Pero esa sonrisa desaparece al instante cuando pones los pies en el suelo y ves la realidad. No fuiste capaz de enamorarlo, no supiste como hacer que sintiera lo mismo que tú, al menos no como ella. Ella consiguió lo que tú tanto ansiabas, su corazón. Te sientes tonta e inútil, incapaz de seguir luchando por él, porque sabes que tienes todas las batallas perdidas. Y solo te queda ofrecerle tu más sincera amistad. Apoyarlo en todo, aunque para él ese todo sea dormir en los brazos de ella. Ofrecerle tu hombro para llorar cuando lo esté pasando mal y escuchar cómo le ha ido en su cita para reconquistarla, aunque eso te rompa en mil pedazos.

Entras en una batalla mental entre lo que te gustaría tener de él y lo que él realmente quiere. Te preguntas si haces bien en animarlo a seguir con ella, o deberías intentar que la olvidara. Pero te resulta tan impensable anteponerte a su felicidad, que simplemente te conformas con desear que ella sepa valorarlo como tú, que ella sepa quererlo como él se merece. A pesar de que todo eso signifique minar todas tus mínimas posibilidades, pero, así él no sufrirá. Porque sabes lo que duele un corazón roto, y te resulta impensable contribuir a que se lo rompan a él. Así que si, lo lanzas en los brazos de ella, con la esperanza de que lo coja al vuelo. Con la esperanza de que no sea tan tonta, como lo fuiste tú, y no lo suelte nunca. Con la esperanza de que lo cuide, lo consienta, lo ame. Con la esperanza de que él, nunca tenga de derramar ni una sola lagrima sobre la almohada. Ya has derramado suficientes tú por los dos.

Y es que en eso consiste en amar a alguien por encima de ti misma, en velar por su felicidad aun sabiendo que su felicidad no está contigo.

No sé si todo eso es una maldición o la mejor de las bendiciones, esa capacidad de sobreponer su sonrisa por encima del resto del mundo, pero es que es una sonrisa tan radiante que es completamente inevitable. Llevas tanto tiempo esperándolo inconscientemente, que ya ni siquiera sabes si algún día dejaras de esperarlo. Tal vez, no quieras dejar de esperarlo.

 

No fue mi primer amor, puede que tampoco vaya a ser el último. Lo que si se es que ha sido el más fuerte y el que a día de hoy, me resulta imposible olvidar.

Sé que no estarás leyendo esto, tienes cosas más importantes en las que ocupar tu tiempo, pero…
Te quise, te quiero y no sé si algún día dejaré de quererte.
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